La cara de José Miguel Monzón (Madrid, 1955), sería reconocida por casi cualquier español que se topara con él por su faceta como presentador y humorista de televisión, en la que se le conoce como El Gran Wyoming. Sin embargo, su carrera musical ha pasado desapercibida para muchos de los telespectadores que le han seguido con asiduidad en el cine y en programas como ‘Caiga quien caiga’ o ‘El Intermedio’, que presenta desde 2006 en La Sexta.

Ahora, forma parte de ‘Wyoming y Los Insolventes’, la fusión entre la banda ‘Última Experiencia’ y el polifacético artista, que comparten pasiones: tocar sobre un escenario y, concretamente, subirse para interpretar los grandes clásicos del rock & roll de todos los tiempos. Juntos, llevan ocho años llenando los escenarios de toda España, aunque esta será la primera vez que actúen en Cantabria. El concierto tendrá lugar este viernes, a partir de las 21.00 horas, en Escenario Santander.

Su último concierto ha sido en Extremadura en el Rock ‘n’ Blues Festival. ¿Cómo fue la experiencia?

El concierto fue muy bien, pero no es lo que estamos habituados a hacer. Nosotros tocamos en salas de conciertos y esto era un concierto al aire libre en una plaza de toros. Esto ha sido una cosa puntual. Llevamos ya ocho años y la gira es ininterrumpida, no para y ya estamos repitiendo en todos lados, aunque en Cantabria no habíamos estado nunca.

¿Cómo es su relación con el público?   

Muy buena y esa es la historia. Hay un local en Vigo donde hemos estado ya nueve veces. Lo que más nos congratula es que en todos los sitios a los que vamos nos vuelven a llamar.

¿Ven más caras de nostálgicos del buen rock & roll o de fans de Wyoming?

El público que va es de todas las edades, pero el noventa por ciento son fans míos, viene y dicen: “¡A ver qué hace este!”. La gente ya tiene claro que viene a ver un concierto de música, porque al principio no sabían si era un monólogo o qué. De hecho, en algunos sitios a los que hemos ido nos ponían sillas y montaban un ‘teatrito’. Les decíamos que no, que había que quitarlo para que la gente bailase.

Entonces, ¿el público ya tiene claro que va a disfrutar de la música?

Exacto. Hacemos un repaso por lo que es el mundo del rock & roll, por las canciones que a nosotros nos gustan: desde los años 60, hasta nuestros días prácticamente.

La música es un lenguaje, es un idioma, y nosotros tocamos como si fuera un coloquio, todos participamos y todas son piezas complementarias para que la canción suene.

¿Por qué eligieron tocar este tipo de música?

Porque es la que nos gusta y la que nos divierte hacer, por eso hicimos el grupo. Mis compañeros tienen un grupo al margen que se llama ‘Última experiencia’. Les vi tocar y como la música que hacían sonaban mucho al rock de los años 70, estuve hablando con ellos y coincidíamos en gustos musicales. Entonces, decidimos hacer un repertorio para movernos y tocar, que es lo que nos apetece hacer.

Ha mencionado en alguna ocasión que Frank Zappa es uno de sus músicos preferidos de aquella época…

Forma parte de un todo, de un puzle que es la música  que se hacía en aquella época. Frank Zappa era un genio. Lo que pasa es que a la gente de mi generación le gustaba toda clase de música. Tú entrabas a casa de un tío y tenía un disco de Leonard Cohen, uno de Black Sabbath, otro de Los Rolling Stones, otro de Dylan, otro de Janis Joplin… Abarcaban todo el espectro y todos eran fans de todos. De hecho, cuando programaban un festival de música como Woodstock, allí se juntaban 20 tipos de música diferentes: había folk, grupos de rock, grupos psicodélicos, grupos de soul, Otis Redding, que tocaba también allí… Era una cosa muy ecléctica y yo vengo de ahí. A mí me gustan todos los tipos de música.

Julián Hernández, de Siniestro Total, comentó a eldiario.es que Moncho Alpuente “era incapaz de ponerle letra a la música que hacía ‘El Reverendo’.

Funcionaban al revés, lo que hacían es que Moncho les pasaba una letra y ‘El Reverendo’ le ponía música y así hicieron muchas canciones. Yo cantaba con ellos también, nos llamábamos ‘Tres Tristes Tigres’ e hicimos un disco y una gira, incluso.

¿Wyoming y Los Insolventes solo tocarán rock?

Sí. Alguna vez me he puesto a hacer una canción pero, al final, la dejamos, porque esto lo hacemos más como si fuera un musical. Como si vas a ver un musical de Queen, pues esto es ir a ver un musical de la historia del rock y tocamos desde los orígenes del rock and roll hasta ahora.

¿Cree que es algo de lo que podría llegar a cansarse o es algo que le aporta energía?

No me canso, por eso sigo tocando. Esto es un proyecto que ya he hecho varias veces y siempre lo acabo dejando por circunstancias, pero luego vuelvo en cuanto puedo, porque es lo que más me gusta sin duda alguna, subirme y ponerme a tocar. Ahora, en mi faceta nueva, también toco la guitarra eléctrica en el escenario. Me he metido con ello y estoy dándole duro.

¿Cuáles son las cualidades de sus compañeros de banda?

Manolo Villalta está en el teclado y es un músico con el que yo he tocado toda la vida prácticamente, porque era de mi barrio y ha tocado con muchos grupos, desde Nacha Pop –con el que estuvo muchos años- hasta con Miguel Bosé. Luego, está el trío base: guitarra, bajo y batería, que son los de ‘Última Experiencia’, que son buenísimos. Miguel Ángel Ariza es un guitarrista fuera de serie, un espectáculo de hombre. Luego está José Alberto Solís, un bajista que tiene todo el espíritu del rock & roll, que es fundamental en esta música. Y luego tenemos dos baterías que se turnan y que son muy diferentes: Luis de Diego, que es más de rock clásico puro, y Carlos Laos, que tiene una formación más ‘jazzera’. Del grupo nada hay que decir, la gente sale maravillada.

¿Diría que usted les utiliza a ellos o ellos le utilizan a usted?

Cuando te pones a tocar estamos todo en lo mismo. La música es un lenguaje, es un idioma, y nosotros tocamos como si fuera un coloquio, todos participamos y todas son piezas complementarias para que la canción suene.

Usted hace uso de su faceta más humorística entre canción y canción…

A veces sí, a veces no, depende de los días. A veces me extiendo más y otras menos. No está previsto, es aleatorio.

¿Qué es más liberador,  dar caña a los políticos entre semana o tocar los fines de semana con Los Insolventes?

Lo bueno e interesante es hacer las dos cosas. Porque con el programa de ‘El Intermedio’, como estoy todo el tiempo contando miserias –porque hay que contarlas-, acabas bastante intoxicado. La gira del fin de semana te limpia mucho las neuronas.

José Miguel Monzón, El Gran Wyoming. / Marta Jara

El polifacético presentador tiene un largo recorrido como músico y como escritor.

Los grupos hablan de la mala situación de las salas y usted ha dicho en múltiples ocasiones que el músico, como profesión, está desapareciendo. ¿Cree que eso va a afectar a la cultura musical de este país?

Mucho, porque es fundamental que el que tiene cualidades las descubra, porque no suele coincidir que alguien sea un genio de la música y que tenga la oportunidad de coger un instrumento. La mayoría de los genios de la música pasan desapercibidos porque nunca se les ha ocurrido tocar. Pero esto pasa también con otras artes, personas que podrían ser genios de la pintura y que, por el entorno cultural, no han podido. Muchos pintores, por ejemplo, suelen ser hijos de pintores, porque lo tienen más fácil.

Lo que ocurre es que si empiezas a tocar más en serio y tienes un espacio donde puedes desarrollar eso y encima te pagan, te puedes convertir en profesional. Puedes tomar hasta la decisión de vivir de eso. Ahora mismo, eso es muy difícil, en el sentido de que es muchísimo más difícil que antes y esto irá a menos. Ahora parece que el que quiere tocar la guitarra tiene un problema. “Que toque, pero que no pida dinero por hacerlo”, piensan, y eso es ridículo.

Las bandas menos conocidas tienen que alquilar los locales en los que tocan y suele ser un gasto inasumible para ellas…

Lo llaman alquiler del escenario. Tú pagas un dinero, tus amigos van a verte y ese dinero va para el dueño del bar. El dueño cobra al grupo por tocar, se queda con toda la barra y, además, tiene ahí a un grupo tocando que le paga a él. El negocio es redondo, lo que pasa es que resulta de una caradura que me parece espectacular.

Yo he tenido un bar con actuaciones durante diez años y nunca se me ha ocurrido no pagar a los músicos, igual que pagaba a los camareros. Pero cuando tienes esta charla con el dueño del local y le preguntas, “¿pero tú pagas al camarero?”, te responde: “¡Pues claro, pero eso es distinto!” Pero, ¿Cómo que distinto? Un músico no es más ni menos que un camarero o que el tío de la puerta, no es una puta mierda comparada con ellos. Será lo mismo, ¿no? Si no quieres tener actuaciones… ¡no las tengas! Yo tuve un grupo que se llamaba ‘Paracelso.’ No llegamos nunca a grabar un disco, pero no parábamos de tocar y nos pagaban muy bien. La gente, a veces, no sabía ni lo que iba a ver, pero nos pagan, por supuesto.

Por lo que dice, vivir exclusivamente de los conciertos parece imposible en la actualidad.

Es muy difícil. Además, la gente cuando habla de la era de internet, dice: “Yo veo la música en directo”. ¡Pero si la música en directo nos se paga! Entonces, ¿qué hacemos? Antes se pagaba el directo porque alguien que vendía discos se convertía en un profesional y ya está.

¿Ahora solo venden las bandas e intérpretes más famosos?

Sí, ahora los que son famosos son la punta del iceberg. La gente que sigue llenando grandes espacios son cantantes como Serrat y gente así. En mi generación y en las siguientes había diez grupos que podían llenar Las Ventas, ahora no. Ahora, lo sigue petando Rosendo, Raimundo, Los Secretos… Con los músicos de ahora si tocas en Las Ventas, te arruinas. [ríe].

¿Cree que los músicos famosos están eclipsando al resto?

No, eso siempre ha existido. Lo que pasa es que antes esto era una pirámide. Esta el vértice de la pirámide y de ahí hasta la base todos vivían de la música. Ahora, solo está el vértice de la pirámide. Siempre ha habido músicos que cobraban 1.000 euros por tocar y otros que ganaban 100.000, pero ahora solo trabajan los de 100.000 y por debajo nada, a pagar. Y eso es lo que arruina la música, porque evita que salgan músicos nuevos. Al grabar discos también ocurre, antes había miles de personas que trabajaban ahí: músicos de sesión, batería, bajista… Algunos ni trabajaban en conciertos, porque se dedicaban a ser músicos de sesión, como hay en Estados Unidos.

¿Es en parte efecto de la piratería?

Claro, la industria de la música ha desaparecido y no se gasta un duro en grabaciones.

¿Qué se encontrará el público este viernes en el concierto de Wyoming y Los Insolventes en Escenario Santander?

Pasarán un rato muy bueno. Va a haber música de la buena e interpretada por grandes genios.

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